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La cremación,

sin duda alguna, es considerada la alternativa de disposición final mas ecológica debido fundamentalmente al considerable ahorro de espacios que esta proporciona. Ademas, con la inhumacion o sistema tradicional de enterramiento, se generan los lixiviados como producto de la descomposición de los cadaveres. Estos lixiviados, con un alto contenido de metales pesados, van a parar a los acuifereos, contaminando asi a los sistemas de aguas subterraneas de los que se surten las comunidades. El uso de equipos idoneos y modernos, para realizar la cremación, garantizan rapidez y un minimo de emisiones

En la cremación, el cuerpo es sometido a altas temperaturas, cercanas a los 1000 °C, durante 1 a 2 horas. Durante este tiempo los organos, musculos, tejidos, etc., mayoritariamente compuestos por agua, son vaporizados. El resultado obtenido son las cenizas (nombre utilizado de forma incorrecta pero de amplia aceptación popular) o restos cremados, mezcla aséptica que corresponde a menos del 5 % de la masa total del cuerpo cremado, siendo sus principales componentes fosfato, calcio, sulfato, potasio y sodio, sumados a una minima cantidad de otros elementos.

Estudios indican que la cremación problablemente comenzó en la Edad de Piedra, como lo demuestan hallazgos realizados en estructuras funerarias de la época. Para el año 1.000 A.C. ya la cremación era parte fundamental en el ceremonial funerario de los griegos y entre los años 20 A.C. y 400 D.C. se convirtió en una práctica sumamente extendida en el Imperio Romano. Incluso, ya los romanos disponian de columbarios, que eran nichos o lugares para colocar las urnas contentivas de restos cremados. Es a partir de 1873, con el diseño y fabricación de variados equipos, que comienza la cremación tal y como la conocemos hoy en dia.

Si bien antiguamente la Iglesia solo establecía la inhumación como forma de disposición final, hace ya mas de 40 años que la misma aprobó la cremación como parte del ritual funerario dentro del mundo católico. Está ampliamente demostrado que con la cremación disminuye la sensación del luto o dolor de los familiares o personas cercanas a ese ser querido que ya no los acompaña.

Aunque existen dudas relacionadas con la cremación y las "cenizas", esta opción es la que ofrece la mayor variedad de formas de memorialización. La memorialización es esa necesidad básica del ser humano de recordar y ser recordado. En cuanto al manejo de las "cenizas" o restos cremados, solo la imaginación establece los limites. Esto se debe, fundamentalmente, a que estas "cenizas" siendo material aséptico (por su tratamiento a 1000 °C) no están regidas por reglamentación alguna. Por lo tanto pueden ser transportadas local o internacionalmente, enviadas por correo, esparcidas, repartidas o colocadas en cualquier lugar. Hay empresas que ofrecen esparcir las "cenizas" desde el aire, en el mar o bajo el agua, incluso llevar una porción de estos restos al espacio. Otras ofrecen, mediante técnicas especificas, convertir "cenizas" en diamantes.

Por regla general, los restos cremados tienen un volumen aproximado de 2,5 litros y  suelen ser entregados en contenedores llamados urnas, los cuales pueden ser fabricados en diversidad de materiales, colores y formas. Estas "cenizas" pueden ser divididas y colocadas en urnas mas pequeñas llamadas relicarios, incluso con forma de joyas, de manera de repartir entre familias numerosas el recuerdo de ese ser querido.

 

 

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